Cada encuentro es único. No existe un canto escrito de antemano ni una experiencia que deba suceder.

La voz nace en el momento y se entrelaza con el sonido de los cuencos cantores, los instrumentos y el silencio, creando un paisaje sonoro que acompaña tu propio proceso.

Tú no tienes que saber meditar, visualizar ni hacer nada especial. Solo encontrar una posición cómoda, cerrar los ojos si así lo sientes y permitirte escuchar.

Pueden aparecer emociones, imágenes, recuerdos, sensaciones corporales o simplemente una profunda quietud. Y también puede ocurrir que la experiencia sea únicamente sonido.

No hay nada que alcanzar. Solo permitirte sentir, escucharte y, quizás, reconocerte un poco más.

En mi práctica espiritual, no siento que cante sola.

Durante estos encuentros abro un espacio de conexión con los seres de luz que acompañan mi camino, con las presencias vinculadas al canto y la armonización, con los seres acuáticos y con esa energía que para mí está profundamente unida a Sirio.

No necesitas compartir mis creencias ni experimentar estas presencias de la misma manera. Son parte del espacio desde el que yo vivo estos encuentros: una forma de pedir guía, sostén y asistencia mientras dejo que la voz encuentre su camino.